La industria de la música, dicen, va muy mal.
Si eres un artista consagrado en la fama, las cosas te irán muy bien, rematadamente bien. Quizá vendas menos discos pero ese no ha sido nunca tu ingreso principal querido. Sigues dando conciertos y si no, simplemente anuncias al gran público que vuelves a la carretera por un tiempo (como han hecho decenas y decenas en los últimos años). Como ya no hay nuevos artistas que copen tu mercado porque no tienen posibilidades en esta crisis aguda del negocio musical, es fácil el retorno. Los managers se te rifarán porque es extraño encontrar grupos nuevos que generen dinero... mejor volver a los valores seguros aunque estén oxidados o los miembros de la banda se odien entre ellos. El dinero manda amigo. Además, sigues cobrando derechos de autor abundantes con las radiofórmulas como punta de lanza. Repiten constantemente y hasta la saciedad tus composiciones. Incluso convierten una buena canción tuya en algo odioso para el oyente por repetitiva. Es como el dicho: "matar un cerdo a besos".
Si eres dueño de

una tienda de discos o un sello "indie", trabajador de una discográfica multinacional, empresario de un negocio de copias de CD y DVD o técnico de sonido de un estudio de grabación entre otros, estás muy mal amigo. El negocio del disco se ha ido al garete en su mayor parte. El digital,
a pesar de multiplicarse por 5 en los últimos años no se acerca ni por asomo a los anteriores beneficios. Así que lo mejor que puedes hacer es reciclarte... ¿dónde?... ¿donde dicen que está la respuesta a todos los males de la industria de la música, es decir, la música en directo? Mi opinión es clara: ¡¡NO!!
Analicemos cómo se encuentra el negocio del directo desde dos perspectivas: el viejo modelo y el nuevo modelo. Es fácil. Actualmente, en el negocio del directo persiste el viejo modelo con sus viejos modos, los artistas de siempre y casi ningún margen de maniobra para talentos emergentes. El nuevo modelo todavía no ha empezado... ni tiene visos a corto plazo... aunque hay ligeros signos que indican que las cosas pueden cambiar.
Como decía, en el viejo y actual modelo hay dos formas de acabar un concierto (básicamente): pagar o que te paguen.
Si después de un concierto acabas pagando, en condiciones normales será porque no ha venido suficiente gente a verte. Los lanzamientos discográficos de grupos nuevos apenas tienen ya repercusión por la escasa promoción o, simplemente, porque no existen. No se venden discos es igual a promoción mínima, por tanto los grupos nuevos ya no tienen el apoyo inicial de los viejos sistemas de promoción de las discográficas. Es difícil que mucha gente conozca a un talento desconocido que viene a tocar a la ciudad.
El esquema general para organizar un concierto es el siguiente: primero asumes unos gastos fijos: alquiler de sala (van desde 300 euros hasta 2000 aproximádamente según aforos, calidad de la sala y "nombre" de la misma), alquiler de furgoneta, dietas de los músicos, cachés de técnicos de sonido, pipas y catering, promoción del evento mediante flyers, cartelería, "promo" en medios locales, etc. y posibles extras que no detallaré para no extenderme. Después de "apoquinar" con estos gastos previos al concierto fijas una cifra para la venta de las entradas (¡¡no te pases de caro o se te echarán encima los fans!!). Después del concierto, el dinero generado por la venta de entradas y merchandising (camisetas, CD, chapas, etc.) servirá para pagar los gastos generados, los cachés de los músicos, un 10% a la SGAE y un 10% para el promotor de turno (que puedes ser tú mismo) además de otro 10-20% para el manager del grupo (que también puedes ser tú mismo). Por tanto hay que pagar a priori y luego veremos si llenas suficientemente la sala para llegar a todo. Por supuesto hablo de organizar un concierto con unas mínimas condiciones.
Pocos grupos desconocidos en este país (el 90% del total más o menos) pueden arriesgarse a viajar a una ciudad que no conocen y no pringar en el intento. El público no suele pagar por ver a un grupo que no ha escuchado nunca e internet todavía no es suficiente para dar de comer a todos. Los intercambios de grupos entre ciudades (yo voy a tu ciudad para que tu público me vea y luego hacemos lo mismo al revés) se ha popularizado pero ni es la panacea ni tampoco se puede abusar de ello, por no decir que la insolidaridad entre los grupos y músicos de este gremio es tradicional.
Si, por contra, d

espués del concierto el saldo acaba en positivo es porque suele haber una institución pública que asume todos o gran parte de los gastos. La mayoría son ayuntamientos (las instituciones públicas más endeudadas del país con diferencia) que normalmente encargan la gestión a empresas intermediarias de promotores donde el amiguismo suele estar a la orden del día. Tengo serias dudas sobre la legalidad de estas prácticas y la falta de concursos públicos transparentes para la adjudicación de dichos trabajos, pero ese es otro tema. El músico o grupo va a estos conciertos, normalmente, con todo hecho. Sólo tendrá que pagar los gastos de transporte y dietas que verá devueltos con el cobro del caché (eso si no figura en su contrato un adelanto, aunque si eres un grupo desconocido, olvídate). Que el concierto se llene o no vaya nadie no suele tener grandes consecuencias (a no ser que haya habido un enorme desembolso de dinero público). Normalmente, los nuevos y desconocidos talentos musicales "pillan" este tipo de conciertos porque alguien (amigo o manager) los mete de teloneros en shows de bandas archiconocidas. Ello implica tocar poco tiempo (unos 30 minutos), con unas condiciones de sonido mucho peores que la banda principal, con escaso o nulo apoyo de luces de escenario y por supuesto sin ningún tipo de beneficio "extra" en forma de camerino, catering especial u otro tipo de prebendas. Sé historias de bandas muy conocidas a las cuales les molesta este tipo de grupos teloneros cuyas oportunidades son escasas. Sus managers tienen mucho que ver en ello. Prefiero no contar.
Ni que decir tiene, que TODOS los implicados en el negocio de la música saben de sobra la cantidad de economía sumergida que se mueve. Dinero negro o "B" amigos. Es la falta de regulación específica y de inspección en el sector. Pero no sólo eso. Los propios ayuntamientos traspasan la gestión de los conciertos a empresas promotoras intermediarias para no tener que vérselas con la Seguridad Social de los músicos. Estas empresas intermediarias incumplen sistemáticamente y de forma muy mayoritaria la ley. Exigen facturas a los grupos (que tienen que tener detrás para ello una entidad jurídica para poder facturar aunque la mayoría no se lo pueden permitir) cuando la obligación por ley es dar de alta en el Régimen Especial de Artistas a todos y cada uno de los miembros artistas del espectáculo (los músicos por ejemplo). Esto fomenta el dinero negro y la proliferación de empresas (generalmente cooperativas) que suelen prestar un CIF al músico para que facture (realizando con ello una cesión ilegal de los trabajadores en toda regla).
Voy a contar algo. En el mayor macro-evento que ha habido en mi ciudad en los últimos años una de las empresas encargada de contratar a algunos de los artistas de música hizo la mayoría de contrataciones en fraude de ley, exigiendo facturas a los artistas y grupos de música. Algo perfectamente denunciable. Y lo más curioso de todo es que muchas de estas empresas realizan estas prácticas fraudulentas por "desconocimiento" del marco legal, simplemente porque "todo el mundo trabaja así en el mundo del espectáculo". Pero ¿qué grupo va a denunciar a una promotora con el riesgo de no volver a tocar más en los shows que ella o sus conocidos organizan? La respuesta es clara en un sector sin ningún tipo de sindicación seria: ninguno. Por ahora, en algunas regiones como Cataluña se están realizando esfuerzos encomiables en forma de cooperativas como
Musicat pero no dejan de ser parches al problema de fondo. Y el problema es nuestro amigos: de los propios músicos.
La SGAE na

ció como una asociación de autores de la época para defender los derechos de los mismos frente a los intermediarios en los teatros a finales del siglo XIX. ¡Cómo ha evolucionado el tiempo!... ¿por qué la SGAE no defiende la regulación del sector en el directo, verdadero alimento económico y espiritual de muchas bandas? Tantas cosas habría que cambiar...
En los últimos años hemos visto cómo proliferan los festivales, macro-festivales y mini-festivales a lo largo y ancho de nuestro país.
La burbuja ya empezó a estallar el año pasado. Es fácil de explicar: un grupo archiconocido X negocia con un Festival Y un caché. Pero viene el Festival Z (que se celebra las mismas fechas) y le ofrece un 30% más. El Festival Y no tiene más remedio que subir el caché del artista X si quiere tenerlo en el cartel... De esta forma algunos festivales se han ido encareciendo hasta decir adiós... (ver grandes casos como el Summercase, Festimad o Marearock o muchos otros pequeños sin tanto nombre). ¿Por qué creéis que los datos de facturación de los conciertos en directo de los últimos años habían crecido tanto?
Si a la burbuja de los festivales (sujetados muchos de ellos por instituciones públicas que están recortando gastos por la crisis),
le sumamos los serios problemas de liquidez de la gran mayoría de ayuntamientos del país y la falta de riesgo de los empresarios de salas privadas (que se enfrentan a un descenso de público y a una falta de regulación urbanística de su sector anacrónica viendo con todo ello que el negocio de la música es cada día menos rentable) podemos llegar a afirmar que la crisis del directo está muy cerca (mucha gente dentro del sector me dice que ya ha llegado).
Creo que se acerca el tiempo de volver a lo minoritario: pequeños conciertos y pequeñas audiencias. En definitiva, volver a las esencias del arte y la creatividad. Aquellas que siempre han existido y son refugio de lo minoritario y de los verdaderos degustadores de las exquisiteces de la buena cultura. Pero todo ello no implica que el negocio se muera. Significa que habrá menos para todos, que casi nadie se hará rico con música original y que todo será mucho más cercano y primigenio. Por supuesto habrá excepciones, quizá en un futuro no muy lejano vuelva a ponerse de moda la creación de estrellas en la música con grandes presupuestos en promoción... ¿quién lo sabe?
Ahora, simplemente, el grifo se va cerrando... aunque muchos músicos me responden siempre con lo mismo: "¿pero cuándo no ha habido crisis en la música?" y a veces, escuchando esto mismo a los más viejos pienso... ¿tendrán razón?...
Foto 1: Concierto callejero de Tuco Requena en Zaragoza (2005) con motivo del Rosconrock que reivindicaba diversos derechos de los músicos.
Foto 2: Concierto The Jam en Barcelona por alterna2 (Flickr).
Foto 3: Concierto VOCES para la conciencia y el desarrollo (Flickr)