Me gusta tu espontaneidad y tu forma de comprender... así, a tu manera, sin prisas.
Me gusta tu mirada pendenciera, tu movimiento ritual y tu tensión sin resolver: pareces un colibrí inmóvil en pleno vuelo."
Hablamos, cercamos nuestra inspiración en dos palabras y pasan las horas.
En un momento fugaz llegan las 10 reglas de los malheridos. Se dejan caer encima de la mesa como sujetapapeles inútiles que tiramos a la basura pero con el silencio por bandera. Si no superas la dificultad de las reglas silenciosas, dibuja tu fracaso en una servilleta y suénate las inmundicias del corazón. Enumeración:
1) No me pidas compromiso ya. No me pidas hacerte feliz, no me seas exigente de los imposibles.
2) Si no te gusta mi ritmo, no juegues conmigo, no me dañes, que podemos ser transparentes y vernos desnuditos... aunque tengamos el aplomo del que se sabe sufrido.
3) Mira, si quieres un héroe que te contemple y pague una moneda por tu cuerpo, sigue buscando tejas en el cielo. Por mucho deseo que te profese, he aprendido a no ser una avestruz.
4) Te ofrezco, para un leve suspiro de encuentro, la Ley de oferta y demanda: tú tienes algo que yo quiero y yo tengo lo mismo. Conversas, te acercas, me acerco y... ¡vibra el aire!, entonces... ¿compartes libertad o repartes bulos?
5) El Juego de los Círculos: me dices que no me abro sin haberme ofrecido nada todavía... dame tú un poquito, sin que te cueste, y si me gusta y es sincero, te daré otro poquito y viceversa hasta el infinito o hasta el minuto siguiente. Hasta que un muchito de agua fresca y sana repose plácido en nuestras neuronas mentirosas.
6) Que no te engañe tu estado de ánimo, que no me engañe a mí. Que por unas horas de tormento o mal pie no somos eternos perdedores de nuestro futuro. Si te concentras y te relajas...se difumina y se pierde la tensión. Y en ese punto te dejas llevar.
7) Pon ese adjetivo tan difícil encima de la mesa: sincero, sincera. Tu interior lo anhela.
8) Aplínquense las reglas silenciosas con rigor espiritual los dos miembros del mismo juego y no se pregunten nunca a sí mismos si el otro las aplica igual que nosotros. Simplemente, hacer sin esperar nada.
9) Si los ocho puntos anteriores son cumplidos con más o menos atino y si el fracaso del juego ha cerrado las puertas, disfrutar de la paz interior que te da el deber cumplido con uno mismo (base de la felicidad interior).
10) Repetir cuantas veces haga falta con cuantas personas haga falta, sin miedo.
"¡Hola!, te busco...y no te encuentro...
Quizá siga siendo ciego de mí mismo".
Tuco Requena.



4 comentarios:
Precioso texto Tuco
Cumplir es tan proceloso que la mayoría, alguna vez, optamos por olvidar, deshechar, tapar, escapar.
Salu2 Córneos y un poco espesitos :-)
Hola Javier.
¡Claro que a veces hay que escapar, pero de los demás, nunca de tí mismo!
¡Esto es recomendable!
Creo que con el único que debes cumplir es contigo mismo.
El enamoramiento (también denominado estupidez transitoria) es peligroso porque engancha y es muy difícil de evadir. Para mí, lo único bueno que tiene es la inspiración que me da.
Y se puede conseguir el desenganche: cuando uno toma conciencia de que es una mentira de nuestros estados de ánimo y de nuestra química.
¡La estupidez transitoria se renueva como la fuente turbia de la Plaza Paraíso de mi ciudad!
Yo he sido estúpido transitorio varias veces y he cometido muchas idioteces por ello, aunque he ganado algo con el tiempo: sigo estupidizándome pero... ¡ya no hago idioteces!
Cumple las 10 reglas sin presionarte. Son para tí. A mí me sirven.
Saludos.
Tú eres el profesional pero... ¿estupidizándome no es un título estupéndo para una canción?
;-)
Salu2 Córneos.
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